lunes, 22 de septiembre de 2014

Probando, uno, dos, tres...

Pues eso. Volvemos a la carga.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Un rato a solas

A veces, aunque nos cueste, descubrimos cual es el significado de la vida.

Algunos lo descubren al final de la misma, otros, al principio (afortunados ellos). Hay quien yerra y cree que el sentido de su vida es una cosa, para en el lecho de muerte descubrir el error, pero no el sentido en sí mismo. Hay quien teme errar, y tan temeroso es, que pasa toda la vida viviendo lo que a otro le corresponde.

Yo escogí hace muchos años el surf. No sé por qué. Ni soy rubio, ni soy atlético, ni soy australiano, hawaiiano o vasco, ni mi apellido es Kahanamoku (grande Duke). Creo, y no se si me equivoco, que lo hice porque siempre me ha gustado la independencia. Estoy convencido de que fui un gato en otra vida (y que volveré a serlo), porque me gusta estar solo, no me gusta compartir mis logros, salvo con los mios, y gozo del placer de conseguir las cosas por mi mismo. Creo que por eso juego al tenis, practico BTT, hago surf y soy autonomo (lo ultimo por necesidad, pero ahi está...). Me gusta sentirme solo. No significa que me guste la soledad. Donde mas a gusto estoy es en casa, con mi mujer, con mis amigos, con mi familia. Pero he de reconocer que me gusta ir solo.

Hago surf porque es facil. Miro las predicciones, me acerco a la playa. Si hay poca gente, y la espuma es buena, vuelvo a casa, recojo los bartulos y me lanzo al agua. Es sencillo: remar hasta llegar al pico. Esperar tu turno. Mientras, un par de palabras cruzadas con los que estén allí antes que tu (con suerte, pocos o ninguno). Remar, ponerte en pie y vivir. Nada mas.

Durante 20 segundos soy amo de mi destino, como decía el poema de Henley. Durante 20 segundos no hay nada mas que agua y yo. Varios metros que recorrer, a una velocidad tranquila, surcando el mar, mi mar. Fuera quedan las preocupaciones, los temores, el dolor, el cansancio, la ropa, la comida, el agua, el frio, el calor, el amor... Cuando surfeo, solo soy yo, no soy nadie mas: ni marido, ni amigo, ni hijo, ni padre, ni hermano, ni tio, ni nada. Solo yo. En mi ola solo estoy yo: ni el que la coge conmigo, ni el que se cae, ni el que intenta saltarme, ni el que entra, o el que sale. Solo yo.

Por muchas vueltas que le doy, creo que hago surf porque soy un gato, porque soy arisco cuando quiero. Sólo le debo lealtad a mi tabla, vieja y amarilla (da igual que tenga tablas mas nuevas... la vieja es la mejor). MI traje es perfecto, me aisla del frio, de los roces y del sol que no calienta. Esta hecho para mi, solo para mi. Mis musculos saben lo que hacen, pues esto lo han repetido infinidad de veces, y yo me concentro solo en ser yo mismo.

El surf es egoismo. Desde la competicion hasta el hobby: unos son egoistas porque lo quieren todo para si, porque quieren acaparar puntos, para ganar titulos y dinero. Otros porque no quieren perder la ola, quizás la ultima de sus vidas.

Sí, estoy convencido. Soy un gato. Como todos los surfistas.

Me voy al agua, se acabó la sequia. ¿Alguien se apunta?

lunes, 14 de febrero de 2011

Adios.

Tengo que decirte
que mi vida es muy triste,
que va a ser como imposible
que me olvide de que existes.

Tengo que decirte
que el día en que te fuiste,
se encendieron las farolas
que alumbraban el camino...

Para que pudieras volver...
Volver, volver...

Y ayer, por la mañana, nos llaman, y nos dicen que te has ido, que irremediablemente ya no estas. Lo sabiamos todos, desde diciembre, pero eso no hace mas facil, ni menos dura tu partida. Cierro los ojos y lo primero que me sale de dentro es "Menudo hijo de putas estas hecho, hasta para irte nos lo has puesto dificil..." Es lo que tiene un amigo, que si es de verdad, te puteara toda su vida, o la tuya, ahora mismo da igual. Cierro los ojos y Lydia me mira, lo noto, y me dice solo "Al fin descansa". Luego nos enteramos de que estuvistes cantando carnavales, que seguias con tus bromas, que ni siquiera este tragico momento consiguió borrar la vida de tu mirada, la sonrisa de tu boca, la felicidad que irradiabas.

Proyectos de vida, proyectos de amistad, viajes, estudio, trabajo, la puta piscina... ¿con quien hablaremos ahora en verano los dias de viento? Siempre lo dijistes... tu mala cabeza te iba a perder... y si, te perdiste, pero no por tu mala cabeza, sino por la de otros que no supieron ver hasta que era demasiado complicado, demasiado tarde.

David lloró, como se suponia. Lydia lloró, no le quedaba otra. Antonio no fue, no pudo. Iván suspiró a ochocientos kilometros, el movil se silencio... No nos consuela que te vayas cuando una nueva vida llega. Ni nos consuela pensar que descansas... Quien te conoce sabe que nunca desfallecistes, que te negaste a todo.

Tengo que decirte
que a la luz de la candela
intento arañar la niebla
que no deja que te vea.

Esta noche dejamos una luz encendida, y muchas luces han brillado. Unas por miedo, otras por anhelo; unas por rabia, otras por dolor. Lo unico que realmente importa es que han alumbrado un camino, que falta te hacia. Paco lo padece mas que ninguno, y de el ha sido la idea de la cancion. Y con su permiso, yo se la he plagiado. Hoy no es de Pau Dones, hoy es tuya, y de Paco, y de todos nosotros. De Noelia no. Ella ya tiene suficiente con lo que le queda.

Esta noche volverán a estar encendidas, y mañana quizás. El miercoles no, pues ya solo quedará la luz de los corazones, el calor de los ojos arrasados. No hay suspiros, ni palabras. Solo silencio. El que dejas con tu partida.

Deja que te espere
a la puerta de tu casa,
un minuto me hace falta,
luego me voy para siempre.

Ironicamente el recuerdo que me queda de ti no es la ultima visita en casa, ni los remordimientos de no haber ido al hospital. El ultimo recuerdo fue aquel sabado, en que ya lo sabias, en que nos lo dijistes, en que prometistes que en un par de meses esto seria agua pasada... En tu conversacion, esta vez si en tu casa, en la ultima visita, en aquella frase... "Vamos los dos al medico, y le decimos que cure a uno, y que el otro se muera... Que lo que no puede ser es que estemos los dos puteados pudiendo estar solo uno".

Y la boda de Antonio, y la mia, a la que ni te invité. Ya me conoces, yo soy mas de familia y circulo cerrado, y me arrepentiré de ello el resto de mis años.

Recuerdo las tonterias que hablabamos en la universidad, en el pueblo. Es cierto eso de que en la distancia te unes a los tuyos.

No hay pena, no hay dolor, hay sonrisas, y lágrimas. Esta noche nos ha costado conciliar el sueño, y a mi me ha llegado al alba. Es una pena que tenga que pasar esto para que me haya dado cuenta de todo lo que aun tenia que contarte, de todo lo que aun tenias que vivir.

Sólo quiero decirte adiós...
Adiós, adiós,
y por si acaso que sepas
que aquí siempre tienes un sitio.
Adiós, adiós,
y aunque no te lo creas,
sin ti nada será lo mismo.

Sólo quiero decirte adiós...
Adiós.

El resto de lo que te tengo que contar, lo haré en privado. Guianos en la noche, alegrate con los triunfos del Barça en baloncesto (el futbol te daba igual), sigue disfrutando con la ACB y echale un ojo de vez en cuando a Noelia. Sé que estos 31 años han sido pocos, que aun quedaba mucho por hacer. Deja que algunos de nuestros logros los compartamos contigo, que la pena de no tenerte ya la cargamos nosotros.

Paco, Champi, Juan, Jose, todos te echarán de menos. En su pandilla faltarás tu. Volverán a jugar al poker, tal y como les dijistes que hicieran cuando no estuvieras. Sé que lo decias en broma, en serio, como siempre. Decirlo para no decirlo, hacer sin hacer... es tu firma.

Dicen que algo se muere en tu alma cuando un amigo se va. Y es incierto, realmente lo que ocurre es que algo nace en el alma cuando un amigo se va. Con tu partida, en todos ha brotado una semilla verde, que la primavera hará florecer. Te prometo que no lloraré, y te prometo que romperé esa promesa de un momento a otro. Te prometo que te olvidaré, y que tambien voy a romper esa promesa. Te prometo que siempre te recordaré, que nuestro primer brindis sea por ti, que la proxima vez que te vea te contare como ha sido mi vida. Espero poder decirte que pude hacer lo que dejastes a medias. A mi me tocará una parte, a los demas, el resto.

Ya no quiero decir nada mas, mis lagrimas dicen el resto. Solo queda decirte una cosa: Nos vemos al final de este viaje.

Un abrazo, AMIGO. Vé en paz.

Dedicado a la memoria de J.C.G.

viernes, 10 de diciembre de 2010

lunes, 22 de noviembre de 2010

Reenganchado.

[8 de agosto, 21.47h. Clinica Nuestra Señora de la Salud, Cádiz]

- Buenas noches, ¿que desean?
- Venimos de urgencia, mi esposo se encuentra mal, le duele mucho la cabeza.
- No se preocupen, pasen a la sala de urgencias.
(3 minutos mas tarde)
- Buenas noches, soy el medico de urgencias, pasen.
- Gracias.
- ¿Que le ocurre?
- Esta mañana empezó a dolerme la cabeza, estoy acostumbrado, pero no a un dolor tan intenso. Me resulta muy molesto.
- ¿Le han tomado la tension?
- No.
(4 minutos mas tarde)
- Cálmese, ponga esta pastilla bajo su lengua y relajese...
(32 minutos mas tade)
- Vamos a inyectarle un compuesto, con eso volverá todo a la normalidad...
(1 hora, 42 minutos mas tarde)
- Ha sido complicado, pero parece que la crisis ha remitido. Señor, acaba de alcanzar un record... en mis veintiun años de ejercicio no habia conocido a nadie que soportara una tension arterial tan alta... durante tanto tiempo. Es peligroso, muy peligroso...
- ¿A que puede deberse, doctor?
- Señora, seguramente sea una afeccion de tipo nervioso. ¿Ha padecido estres ultimamenta? ¿Hay algun cambio que se haya producido en las ultimas semanas dignas de mencion?
- Si, algo ha ocurrido... le comento...
(... 6 minutos mas tarde)
- Pues probablemente haya sido eso. Mi consejo: descanse, de un giro a su vida de 180 grados... por su salud. Si ha tenido otro estilo de vida, por su bien, reenganchese al mismo.
[...]

[4 de octubre. 11.30h. En algún lugar de Portugal]
Algo de tiempo ha pasado. No mucho, pero si el suficiente.
¿Que me ha pasado? ¿Que ha ocurrido? A veces, llevamos un ritmo de vida que no es saludable: prisas, comida rapida (da igual que sea una ensalada con aceite de oliva o comida "McBasura"), discusiones, presion en el trabajo, en casa, el banco, la familia, los amigos... A veces nos preocupa mas el coche que vamos a comprarnos que saber a ciencia cierta que hoy hemos dicho "Te quiero" un par de veces. O recordar el dia del aniversario, pero no reconocer la cancion que se bailó por primera vez de casados... A veces, creemos, es mejor una camisa "de marca" que aquella horrible camiseta comprada con esfuerzo y cariño que dice "Alguien que te quiere mucho estuvo en Barcelona y se acordó de ti..." con letras de colores, dibujos típicos (y tópicos)...

¿Qué venda he tenido en los ojos? ¿Por qué ese minusculo arbolito no ha dejado que viera el bosque que se extendía ante mi? ¿Tan gruesa era la tela de la venda en los ojos? Casi lo pierdo todo por mera cabezoneria, por un inutil intento de prosperar economicamente... cuando me estaba arruinando emocionalmente. Me prometí que nunca protagonizaría aquella escena de desconsuelo en el cine: "Mamá, ¿por que no ha venido papá?... Porque tenía que trabajar... Pero era mi cumple... Lo sé, pero tiene cosas muy importantes que hacer...". Y casi lo hago.

Ahora, casi dos meses mas tarde, me doy cuenta, a más de 800 kilómetros de mi casa... de mi antigua vida... de mi tumba... Ahora, mirando al horizonte, veo una serie de olas que se acerca, y a la vez, veo alejarse los problemas, las preocupaciones... El agua está fria, y además de llevarse la poca temperatura que me queda en el cuerpo, se lleva el resto de las preocupaciones. Ha sido mas un esfuerzo mental que economico, mas intelectual que fisico. Ha costado, pero creo que ha merecido la pena.

La ultima ola que he surfeado me ha tenido algo mas de veinte segundos disfrutando igual que cuando empecé en esto allá por el noventa y tres... quizás incluso haya hecho que recuerde mi sensación cuando con doce años (en 1991) "surfeaba" con aquella tabla de corcho blanco... uff, que dolor de abdomen con aquello... mi cara vuelve a ser la misma, y las arrugas (de la edad y la preocupacion) desaparecen... con la tranquilidad y paz interior, y claro, con el frio...

Los actos mecanicos fluyen: me giro con la ayuda de los pies, rotando cada uno sobre su propio eje. Mi espalda, recta sobre la tabla, ligeramente inclinada hacia adelante... ángulo de 45 grados... me giro, pero no pierdo de vista la ola que se acerca, imponente, precisa, preciosa... 30 metros... 28 metros... 26 metros... adquiere altura, fuerza y velocidad... me reubico en el pico, miro a la orilla, y fugazmente veo la sombrilla azul, y a alguien con un forro polar, leyendo un libro (sé que es "El mercader de Venecia", pero no porque pueda leer el titulo...), mi mente sigue concentrandose en la masa de agua que avanza hacia mi, que está a 18 metros... mis manos comienzan a remar, sin dejar de mirar atrás, y a la quinta remada, mi espalda se pone casi paralela a la tabla... sigo mirando hacia atrás, y mis piés me ayudan a alcanzar la velocidad adecuada... giro la cabeza al frente, y ya ni veo la sombrilla, ni a mi esposa ni al libro... solo veo el horizonte, y cómo poco a poco me voy elevando sobre él... La masa de agua crece bajo mi, se hace mas dura, facilitando la remada, y no he de pensar, ni recordar siquiera, que ahora toca meter mas al fondo las manos, apretar la barbilla contra la tabla y con las rodillas sujetarme para no desplazar el cuerpo hacia los lados... fluidez... alcanzo la velocidad precisa, en el instante adecuado... fluidez... dejo de remar y comienzo a navegar... velocidad... mis manos se acercan a los cantos, se aferran a los mismos y se preparan... precisión... mi brazos, calientes del esfuerzo momentaneo, levantan mi tronco, aunque en realidad es la tabla la que desciende... conciso... levanto levemente el pie izquierdo, arrastrandolo por la tabla, lo adelanto al lugar donde hace tres decimas de segundo reposaba mi pecho... certeza... oriento mi cuerpo para surcar esa pantalla de derechas, que empieza a reventar en su zona superior...

Mi mano derecha se acerca a la pantalla, y con precision quirúrgica meto tres dedos en esa fantastica masa de agua... el efecto visual, aunque ni mi esposa ni yo lo disfrutemos, es genial... y quizás un joven, al igual que yo hace veinte años, me esté observando. Y sea ese momento mágico para él, y dentro de veinte años, él repita lo que yo ahora, lo que aquel desconocido hace tanto tiempo, y marque a una nueva generacion... como yo lo estoy marcando a él, como a mi me marcaron hace tanto tiempo.

Mis piernas se flexionan, y poco a poco pierdo altura, y a la vez veo cómo el labio que empezaba a romper, se cierra sobre mí... y mis sentidos se agudizan al meterme en la guarida del lobo... sin miedo, sin temor... pues en esta ocasión el lobo soy yo. El tubo se cierra cada vez mas, pero no tiemblo, no tengo miedo... me agacho un poco mas, clavo el canto de la tabla con precision... conocimiento... gano velocidad, sigo agachado, y la espuma, el aire y el agua no me dejan ver con claridad... mas no hace falta: sé donde estoy, adonde voy... plenitud... cierro los ojos, siento el canto romper la pantalla, el labio caer a mi izquerda, las tres quillas rasgar el agua... siento la presion de la cuerda del invento arrastrando, a una velocidad de unos 28 kilometros por hora... experiencia... noto claridad, abro los ojos y he salido del tubo... experiencia... aplico un poco de presion en la punta del pie izquierdo, algo menos en la punta del derecho, y la tabla gira irremediablemente hacia la pantalla de la ola, que poco a poco se desintegra... subo por ella... certeza... alcanzo el borde, el labio ya sin fuerza apenas, lo rasgo con tres quillas, sin violencia, sin agresividad... caigo apenas dos metros, lanzandome de la tabla hacia la derecha, sumergiendome en las frias aguas... felicidad.

Doctor, creo que me he reenganchado.

jueves, 6 de mayo de 2010

Estírate.

Has pasado los ultimos doce años esperando este momento. Cuando eras joven, hacemás de quince años, vistes en la tele, igual que yo, una pelicula que trataba de surferos ladrones de bancos... ahh, ¿lo recuerdas? El guión no era bueno, pero salían surferos, y por aquel entonces, estabas empezando a surfear... con aquella horrible tabla de corcho con la que te dejabas la piel.

Un eterno verano... viajar buscando las olas.. Era una buena idea. Lástima que no cayeras, como ahora comprendes, con mas canas, kilos y preocupaciones, que para viajar, necesitas dinero... y no te atreves a atracar bancos.

Otro detalle que te marcó a fuego, aunque tú puede que no lo sepas, fué lo de la tempestad centenaria. Esa ola que cada cierto tiempo viaja en direccion a la costa y nos recuerda el poder del mar... Y, al igual que yo, y que la mayoría de surfers (o proyecto de surfers) que vimos la pelicula, quisiste surfearla.

Has viajado mucho, ciertamente, conocido muchos lugares y personas. Has visto mil atardeceres en lugares diferentes, e incluso has estado desayunando mientras otros en España dormian profundamente. Has recorrido miles de kilometros, en avion, tren o barco... la mayoria en tu coche. ¿Pero has surfeado?

Has buscado esa ola milenaria, centenaria o diaria, ¿que mas da?. Pero no la has encontrado. Has entrado mil veces al mar, a una sesion anodina, pensando que ese dia no hay suficiente tamaño, que no merece la pena entrar en el agua, mojarse, pasar frio. Has preferido estar con tu pareja, con tu familia, con tus amigos. Te has arrepentido de haberte puesto el traje de neopreno, y de haberte mojado los pies.

Te preocupa el futuro, y prestas mas atencion al extracto bancario que a tu corazon. Has dado consejos, cuando pensabas que era algo horrible cuando los recibias.

Te has sentido feo, asqueado de tu vida. Porque no es lo que esperabas, porque no es como querias que fuera.

Te has casado, puede que tengas hijos, puede que no, que te conformes con un gato que se aprovecha de ti cada dia, que te ve como una fuente de alimento (que no alimento en si mismo).

Te has avergonzado de bailar en publico, de cantar en un karaoke, de gritar de felicidad, de bailar bajo la lluvia.

Te has peleado con tus hermanos, has dejado de hablarle a algunos de tus amigos, incluso has discutido con tus padres. Les has hecho daño en alguna ocasion, y consideras que es justo porque ellos te lo hicieron a ti alguna vez.

Has pasado mil calamidades en un gimnasio, intentando adquirir una forma fisica que la naturaleza, la genetica, y tu alimentacion te han negado a lo largo de estos años.

Has viajado... pero no has recorrido el mundo...

Te has sentido feo... pero no te has mirado al espejo del alma...

Te has casado... pero no te respetas

Te avergüenzas de algunas cosas de tu vida... pero no te sientes orgulloso de otras...

Te preocupa el futuro... pero no vives el presente ni recuerdas el pasado...

Te has enfrentado a amigos, familia y seres queridos... pero no recuerdas a los que te dejaron a lo largo de este grandioso camino que recorremos, que es la vida.

Te sientes atado, pero no te das cuenta de que eres libre, de que todos somos libres.

Te contaré un secreto: ¿recuerdas la ola milenaria de la pelicula "Le llaman Bodhi"? Yo la surfeo cada vez que entro al pico, cada vez que decido pasar un mal rato en el agua fria, cada vez que bailo bajo la lluvia, arrojando el paraguas a un lado.
Yo he surfeado esa ola cuando habiendo discutido con mis seres queridos, al terminar, he sonreido, he pedido perdon y he aceptado las disculpas.

Surfeo cada dia esa ola cuando miro a mi alrededor, y veo lo que soy, lo que fui... pero no veo lo que seré. Cabalgo esa ola porque no me siento atado, sino que siento que tengo mil puntos de apoyo... que si caigo, pueden ayudarme a levantarme...

Para mi existe ese verano eterno, buscando las olas... porque las encuentro en los ojos de mis seres queridos: de mi esposa, comprensiva, molesta, agradecida, divertida, seria, formal, amorosa, tierna, dura, resistente, debil, sollozando, riendo, gritando al mundo que es feliz... y yo con ella; de mis amigos, que veo mucho o poco, pero que todos los dias recuerdo con cariño; de mi familia, que veo poco, o mucho, pero que sé que si en algun momento los necesito, ahí estarán, y dará igual si hemos discutido o no.

Para mi existe esa ola, y la remo, surfeo y disfruto cada dia porque no me preocupa el hecho de no preocuparme por cosas sin sentido: trabajo duro, a veces obtengo las recompensas, otras veces, es en balde.

He aceptado las verdades absolutas: soy quien soy por lo que soy, y por quienes vienen conmigo.

He visto esa ola en el amanecer en la playa, con mis amigos. En una puesta de sol, con mi esposa. A media mañana, paseando con mi perro, o en mitad de la madrugada, viendo como se dibuja la cadera de mi media naranja a la luz de la luna.

He remado mil veces esa ola, al ver las lagrimas de quienes me quieren montado en el tren que me lleva a 600 km de distancia... y al llegar de vuelta.

Soy libre, todos lo somos. Y cada vez que veo algo que me alegra el dia, recuerdo aquella pelicula, sonrio, y descubro que lo unico que me hizo falta para llegar adonde estoy fue respirar profundo, y estirarme... y tú acabas de hacerlo.

Enhorabuena.

No puedo seguirte

Me llamas llorando. No lo soportas mas. Quedo confuso con una palabra en los labios, que no me da tiempo a exhalar, pues has colgado el telefono sin que me diera tiempo.

Corriendo voy, con un nudo en la garganta, el corazon a mil pulsaciones por minuto, los pulmones ardiendo, calambres en las piernas. Y llego a casa...

Te veo con los ojos arrasados por las lágrimas. La maleta encima de la cama, deshecha de la ultima noche... y ni siquiera me tocastes. Me miras, lloras, gimes, te lamentas en un tono que no me deja entender qué es lo que dices... Se hace el silencio. Me miras, respiras profundamente, y me dices que te vas. Quieres irte a la montaña, no soportas mas vivir cerca del mar.

Recoges la maleta, la cierras mal, y yo llevo cuatro minutos en casa, y aun no he hablado. Te diriges a la puerta, me tiembla la garganta, flaquean las piernas. Me duele el pecho, y no es un infarto... es algo mas grave: se rompe mi corazón. Antes de cerrarla, miras por encima de tu hombro, como siempre lo haces cuando quieres dejar claro que eres mejor que yo, que siempre lo has sido.

Bajas las escaleras, vestida de princesa. Y a mi me da vueltas la cabeza. Siete minutos, y aún no he hablado. Nuestro chico, ese westy travieso, sinvergüenza y testarudo se acerca, presintiendo qué es lo que me pasa, pero ignorando lo que ha pasado... igual que yo. Me empuja la pierna izquierda con el hocico, y es el resorte que me hace falta para salir corriendo escaleras abajo.

Tropiezo en el tercer rellano, y a punto estoy de caerme por las escaleras. No me importa. Recupero el equilibrio y sigo corriendo. Salgo a la calle y veo cómo te montas en un coche que no es el nuestro. Corro inutilmente tras el coche, y cuando casi lo he alcanzado, veo que al doblar la esquina, giras la cabeza desde el asiento trasero y me miras. Ya no lloras.
Acelera, y por mas que intento alcanzarte, te alejas cada vez mas rapido. Nueve minutos. Aun no he hablado.

Corriendo vuelvo a casa, y busco desesperadamente las llaves del coche. Presiento adonde vas. Encuentro las llaves en un pantalon que lleve puesto anoche, cuando salimos a cenar juntos. Yo en vaqueros, tu, vestida de princesa.

Vuelvo a correr escaleras abajo, mas rapido que el ascensor, y dudo si he cerrado o no la puerta. ¡Qué mas da!. Arranco el coche y salgo lo más rápido que puedo hacia la estación de tren. Llego a tiempo, y veo el coche que te ha traido alejarse. Ni se me pasa por la cabeza quien es.

Solo se que te quieres ir. Y yo ya no puedo mas. Dejo el coche encendido, con las llaves puestas, en la entrada a la estacion de tren. Corriendo, sin saber qué voy a decir, ni siquiera si quieres oirme, te busco entre la multitud. Tropiezo con dos jovenes que se van de vacaciones, envidia sana me corroe: se les ve felices...
Esquivo a un chico con un coche teledirigido. Salto por encima de una montaña de maletas: bolsas de deporte, troleys de colores chillones, mochilas de espalda...

Me falta el aliento, pero al final, te encuentro. Estás dándole al revisor tu billete, con ese vestido de princesa. Te atusas el pelo, como siempre haces cuando estás autoconvenciéndote de que haces lo correcto. Miras a tu derecha, y me ves, jadeante, desubicado, nervioso, ahogado.

Me acerco, y no me dices nada. Ya no lloras. Ni me sonries. Me acerco a ti, sin saber qué voy a decir, qué puedo decir para arreglarlo todo, como siempre he hecho. No sé que concesión he de hacer para que te quedes. Me duele el alma, y ese dolor es más intenso que el de piernas cuando hago ciclismo, o el de brazos cuando remonto el pico en un dia de temporal... Y este dolor no se termina. Dieciseis minutos. Y aún no he dicho nada.

Te miro, me miras, y ves en mi rostro reflejado el dolor. Sonries un poco. No se si es una sonrisa melancólica o tímida. No se si es de amor la mirada, o de odio. Diecisiete minutos.

Voy a abrir la boca, para dejar escapar de mis labios lo que al fin sale de mi alma rota, dolida, destrozada. Me pones la mano en la nuca, te acercas a mis labios, y acercas con esa mano mi cabeza hacia ti. La gente nos ha de estar mirando, pues voy vestido con un chandal, sudado, tanto por el ejercicio que has interrumpido, como por la carrera frenética que hace diecisiete minutos y veintidós segundos he iniciado, y tu con ese vestido de princesa. Y aquí, a las ocho y treinta y cuatro de la mañana, de un dia cualquiera, en una estación de tren que huele a gasóleo quemado, a hierro muy usado, y a mil personas adormecidas que saben adónde van, al fin me besas.

Es un beso corto, intenso, sentido. Y noto el sabor de victoria en mis labios... reflejado en tu rostro. Dieciocho minutos para hablar... y sorprendentemente, salen de mis labios éstas palabras: "Adiós. Yo ya no puedo seguirte." El sabor de victoria no era mio. Y ahora, tampoco es tuyo.

El dolor me atormenta el alma, pero sé que con el tiempo curará. Durante seis meses dolerá como si muriese con cada suspiro. Dentro de ocho meses, dejará de doler para solo molestar de dia, y atormentar de noche. Nuestro perro te echará de menos. Lloraré algun dia, al ver de nuevo una foto, o algo que me recuerde irremediablemente a ti. Lloraré porque fuiste todo lo que quise en esta vida. Y tu me olvidarás.

Yo, al volver a la playa que tanto aborreces, sonreiré melancolicamente, pues miraré la orilla del mar, y recordaré cuando nos tumbamos a la luz de las estrellas, haciendo planes. Y mis amigos me mirarán. Algunos dirán: "Es pronto para superarlo, pero lo conseguirá.."; y otros me dirán sin palabras, pues los amigos de verdad no las necesitan: "Cuenta conmigo".

Recordaré un dia de esto, nuestros pies andando por la orilla de ese mar que tanto aborreces. Y sin dudar, te he seguido hasta el tren, tan solo para decirte "adiós". Serás feliz, lo sé. Y encontrarás a tu principe, vestido de manera distinta a la mia. Que te lleve a pasear, vestida de princesa. Y yo, algún día, volveré a ser feliz.

Pero hoy me quiero morir. Porque te he visto montarte en un coche vestida de princesa, y ahora te dejo, y sé que estás a mis espaldas, esperando que te diga algo antes de que el tren inicie su camino. Pero no sabes que en mi corazón ya has partido.

Buen viaje. Te deseo lo mejor.